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El Salon Malva

Arriba: Fotografía coloreada del Salón Malva.

Alejandra tenía tan solo 22 años cuando se trasladó al Palacio Alejandro. Hasta entonces se había sentido como un vagabundo y huésped perenne sin un auténtico hogar propio. Se repartía entre Darmstadt y las residencias de su abuela la Reina Victoria en Balmoral, Escocia, y Osborne House en la Isla de Wight. Incluso los palacios de Darmstadt en los que había vivido pertenecieron primero a su padre y luego a su hermano y su esposa, no a ella. Cuando era una adolescente se sobreentendía que tendría su hogar en algún otro lugar con su futuro esposo. Si no hubiera venido un marido a rescatarla el destino de Alejandra habría sido retirarse como una solterona a algunas recónditas habitaciones en uno de los palacios o cottage de su familia en alguna de las propiedades Reales, dependiendo de la caridad de los demás

 

 

Arriba: Imagen del diván malva de la Emperatriz.

Cuando Alejandra llegó a Rusia se vio envuelta por primera vez en la creación de su propio espacio vital. No tenía experiencia y la mayoría de sus conocimientos sobre decoración provenían de las revistas y el consejo recibido a lo largo de los años de su Abuela Inglesa y la observación del estilo sentimental y pasado de moda de Victoria, que dominaría todo un siglo. A pesar de que los gustos de Alejandra eran convencionales y vacilantes hizo muchas sugerencias al decorador, Roman Meltzer, sobre la colocación de los muebles, los colores y las telas. Su objetivo era crear un entorno alegre y acogedor para su marido y su futura familia. Quería una habitación donde Nicolás pudiese acudir a aliviarse de los asuntos de estado, un santuario donde pudiesen estar juntos, a salvo y solos. Mientras Alejandra trabajaba con Meltzer el precio nunca se discutió, esto se consideraba indigno. No saber los precios era desconcertante para Alejandra, que estaba acostumbrada a administrar muy cuidadosamente su dinero como toda "hausfrau" o buena ama de casa alemana. Ella quería mantener el coste bajo mientras todos los demás involucrados parecían no preocuparse en absoluto por el precio, concentrándose en cambio en conseguir los materiales de la mejor calidad disponible. El presupuesto total para la redecoración del Palacio Alejandro habría asombrado a la joven Zarina, si hubiese tenido el valor suficiente para preguntar cuanto había costado todo.

El "Boudoir" Malva fue la habitación preferida de Alejandra y durante 20 años fue el centro de la vida familiar en el palacio. En su época fue la habitación más célebre en toda Rusia y el tema de muchos comentarios respecto a lo que se suponía que ocurría allí. Incluso hoy sigue siendo una habitación misteriosa y aquella que más interesa al público. La sala fue también muy criticada debido a su estilo y atmósfera familiar por la élite social de la época. El elegante Petersburgo pensaba que una apropiada Emperatriz Romanov debía vivir semi públicamente en salones elegantemente decorados a la última moda con obras de arte y sofisticado mobiliario.

A lo largo de 21 años, a pesar de que los cambios de estilo y decoración iban y venían, Alejandra se resistió a cualquier sugerencia de remodelar esta habitación.Conservaba demasiados de sus recuerdos y estaba decidida a mantenerla exactamente igual a como era cuando se casó. Esto significó que el Salón Malva, considerado encantador, moderno y muy elegante en 1896, estuviera terriblemente anticuado, extrañamente pasado de moda y fuese algo parecido a un chiste familiar alrededor de 1917. Los tonos opalinos, los jarrones de cristal y el delicado mobiliario hacía largo tiempo que habían quedado obsoletos en favor de propuestas más atrevidas.

Izquierda: Sofá de esquina en el Salón Malva.

El Salón Malva recibe su nombre por la seda de color ópalo de sus paredes, realizada por la firma Charles berger en París, compañía que todavía hoy existe en la misma ubicación de la capital francesa. La tela se describía como "Lampas Violet Reseda" y era extremadamente cara. El coste total de la seda y el acondicionamiento del Salón Malva superó el precio de cualquiera de los huevos de pascua imperiales de Fabergé. Una tela a juego realizada en Moscú se usó para tapizar los muebles. Esta se diferenciaba ligeramente de la francesa ya que era un poco más clara y tenía un adorno floral entretejido. Ambas eran de seda "lampas"(similar al brocado), con una ondulación reflectora en relieve que da a la tela el suave y distintivo brillo, en especial por la noche con luz artificial.

A Alejandra le gustaba la tonalidad malva y escogió personalmente la tela y el color. Se dice que pidió un tono que se asemejase a un ramillete especial de lilas que Nicolás le había dado. En Rusia el color malva se denomina "lila" y de ahí que esta habitación reciba el nombre de boudoir "lila". El malva era popular en la época y llegó a serlo más aún en tiempos Eduardianos, situándose su delicada tonalidad entre el rosa ceniza y el lavanda claro. Este no era sólo el color de un jardín en primavera, sino que estaba ligado tambien al sentimiento de luto y al recuerdo. La melancolía e introspección inherentes al color habrían atraído la personalidad tímida de Alejandra, inmersa en la tristeza desde su juventud.

La Emperatriz señaló su amor por los tonos pastel y efectos acuosos en la elección de joyas; prefería las pálidas aguamarinas y azules topacios por encima de otras piedras mas valiosas. Las perlas, con su suave opalescencia eran sus favoritas. Como regalo de boda recibió de Alejandro III un soberbio aderezo de perlas rosadas, que con un coste de 700.000 rublos en oro fue el encargo más caro jamás recibido por la casa Fabergé, e inició la relación entre Alejandra y esta firma que duraría el resto de su vida. El anillo de compromiso que Alejandra recibió de Nicolas era también una gran perla rosa, y sus pendientes preferidos eran un par de perlas rosadas sustentadas por sendos diamantes. Las fotografías indican que llevaba estos pendientes a menudo, y sus restos se encontraron quemados y pisoteados en el barro de la mina de Ekaterinburgo después del asesinato de la familia.

Ninguna puerta conducía desde el corredor hasta el salón Malva, sólo se podía entrar a través de las puertas dobles con espesos cortinajes y flores talladas del Salón de Palisandro y el dormitorio. Una cortina a juego cubría una de las enormes ventanas de la sala. Las cortinas se hicieron con la costosa seda malva de Charles Berger, y estaban profusamente adornadas con ribetes, flecos y grandes borlones. Debido al tamaño de las enormes ventanas y el hecho de que una de ellas, con un marco arqueado de caoba, tuviera tan sólo un fino visillo de seda que la cubriese, la habitación era muy luminosa durante el día. La segunda ventana, más cercana al dormitorio, era un inmenso ventanal con un único y enorme cristal que hacía que los árboles del exterior parecieran formar parte de la habitación. El techo estaba decorado con pinturas dejadas de la última remodelación de la sala para la boda de la hija de Alejandro II, María, con Alfredo, hijo de la Reina Victoria. Un nuevo friso de lirios entrelazados con cintas en estilo Art Nouveau rodeaba la cornisa, y fue realizado por el pintor Alexandrov en 1896. Bajo este friso pasaban barras de bronze de las cuales colgaban los cuadros mediante cordones.

El sistema eléctrico fue instalado en el Palacio Alejandro como parte de los preparativos para la ocupación de este por Nicolás y Alejandra. Los cables para las lámparas del Salón Malva pasaban justo debajo de la seda de las paredes, lo que causaba problemas a la hora de hacer las reparaciones y preocupación por posibles incendios. La caja de fusibles para la iluminación de esta habitación estaba situada en el sótano, a una gran distancia de la misma. Por la noche la iluminación del salón era suave e indirecta, proveniente de varias lámparas de mesa y de los apliques de la pared que iluminaban los cuadros más importantes. Todas estas luces se controlaban en conjunto, activándose una tras otra cuando se encendían. En el Salón Malva no había ninguna lámpara de araña central.

La moqueta de Axminster de la habitación era de color pistacho con hojas en un tono más oscuro, provenía de Gran Bretaña y estaba formaba por tiras cosidas entre sí.

Izquierda: Silla del Salón Malva

La parte inferior de las paredes estaba cubierta con paneles pintados de color crema que alternaban esquinas cóncavas y de ángulo recto.El mobiliario de madera estaba decorado en estilo rocalla francés, con volutas y conchas minuciosamente talladas. Realizado en limonero, y diseñado como de costumbre por Roman Meltzer, fue ejecutado por un grupo de artesanos en su fábrica familiar de San Petersburgo. Una silla del conjunto creado por Meltzer puede verse a la izquierda. El armazón de la silla es delicadamente fino y corpulentos invitados deben habérselo pensado dos veces antes de sentarse en ella. A pesar de su apariencia lujosa y refinada todos los muebles del Salón Malva se usaban a diario por un agitado entorno familiar. Alejandra adoraba la compañía de sus hijos y las numerosas mascotas de la familia en su boudoir, dejando cada uno de ellos su inevitable marca en los muebles. Grandes rollos de tela y moqueta extras se reservaban para reponer las partes estropeadas o rotas.

El lugar más famoso de la habitación era el célebre diván malva de Alejandra, situado detrás de un panel de madera y cristal al lado de un alargado macetero lleno todo el año con flores de dulce aroma. El diván estaba realizado en madera, con muelles y acolchado con muchas capas de suave relleno. Tenía un tapizado doble de seda y estaba decorado con ricos borlones y gruesos flecos. La Emperatriz, semi inválida, era propensa a pasar buena parte del día aquí, rodeada por su familia y sus objetos más queridos. Se recostaba en el diván, apoyada en cojines bordados a mano, envuelta en una colcha de ganchillo forrada de seda que ella misma había hecho.

La Emperatriz era una experta en labores de costura y enseñó a sus hijas el arte del bordado. Ella era de las que pensaban que "las manos ociosas son herramienta del diablo" y nunca gustó de ver a sus hijos con las manos quietas. Por las tardes, cuando Nicolás leía para la familia, la Emperatriz y sus hijos hacían tranquilamente manualidades o labores de aguja. Ella enseñó también a sus hijos, incluido el Zarevich, a tejer, al tiempo que las niñas aprendían también a hacer ganchillo y encajes..

Había puzzles y juegos en cestas para que los niños jugaran. Ejemplares de la mayoría de revistas inglesas y rusas de la época se apilaban en las repisas junto a las partituras preferidas de la familia, incluso algunas revistas americanas, contándose entre ellas el National Geographic. Había muchos libros serios sobre religión y filosofía, así como románticas novelas ligeras, libros de arte y guías de viajes. Casi todos estos estaban en inglés, el lenguaje diario de la Emperatriz con su marido, el personal, los amigos y los niños. Grandes álbumes de fotos con instatáneas tomadas por la familia y cuidadosamente pegadas se amontonaban sobre las mesas. Todos los miembros de la Familia Imperial eran ávidos fotógrafos y cada uno tenía albumes con sus fotos favoritas.

Derecha: El escritorio de la Emperatriz en el Salón Malva.

Había muchos cuadros y acuarelas en la habitación. Los preferidos de Alejandra eran una Anunciación de Nesterov hecha al pastel que Nicolás le regaló en 1897; un retrato de su madre, la Princesa Alicia, pintado por di Angeli(del cual la Reina Victoria tenía también una copia); un gran lienzo de la Virgen durmiente por el artista francés Papion, que colgaba sobre su diván malva, y los retratos de su esposo y su hijo, Alexey. Alejandra era una competente acuarelista pero era bastante indiferente al "arte" en general, seleccionando las obras por el tema representado o la asociación a personas específicas, sucesos o viajes que había realizado antes que por la técnica o el artista que los había pintado. Los únicos artistas que gozaban específicamente de su favor eran Zichy, por sus composiciones florales, y Nesterov por sus obras de carácter religioso.

En Casi todas las habitaciones se podía encontrar una copia del icono preferido de la familia Nuestra Señora de Tsarskoe Selo, con su manto blanco. El Salón Malva tenía tambien un piano Becker con la caja de limonero pintada de color crema, diseñada a juego con la decoración de la sala por Meltzer y realizada por sus propios trabajadores. Los estantes de la habitación estaban atestados de fotos de parientes y amigos juntadas a lo largo de los años. Había tambien una cantidad considerable de jarrones de cristal, una de las pasiones de la Emperatriz, y porcelana coleccionados durante las visitas familiares a Dinamarca y las visitas regulares a la Fábrica Real de Copenague.

El pequeño escritorio de trabajo de la Emperatriz estaba situado en ángulo junto a la ventana. Era una prolífica escritora de cartas y escribía desde toda clase de sitios en sus habitaciones utilizando soportes de escritura portátiles. Normalmente usaba su papel y sobres personales con su monograma Imperial, pero a menudo recurría a cualquier folio a mano en el lugar en que se encontrase, incluyendo el de sus hijos si estaba en la planta de arriba. Alejandra era notoriamente descuidada con sus documentos y cartas, que se apilaban en el escritorio y en la mesa de al lado del diván malva. Esto debe haber vuelto loco a su marido, que era completamente opuesto a ella en ese sentido, extremadamente cuidadoso y ordenado.

Un teléfono, en la mesa cercana al diván, fue instalado por la firma sueca de Eriksson. El teléfono se conectaba con otros teléfonos del palacio y también con el exterior. El teleoperador del palacio estaba situado en el sótano y conectaba desde allí con la central telefónica en uno de los pisos superiores del Liceo Imperial, enfrente de la capilla del Palacio de Catalina.

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