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El Despacho de Trabajo

 

 

Nicolás había residido en el Palacio Alejandro de vez en cuando a lo largo de su vida, ya que era uno de los palacios de la familia Romanov. Cuando era niño su familia estaba allí con frecuencia y Nicolás sentía un apego personal por el palacio y su extenso parque. Había muchos lugares que visitar en este parque, como la Granja Imperial, las casetas de los perros y la Casa de la Yama. A su madre también le gustaba el palacio por distintas razones: ella lo encontraba un magnífico lugar para las recepciones. Al estar situado en Tsarskoe Selo, el lugar de preferido por la aristocracia de San Petersburgo para las vacaciones de verano, posibilitaba una gran cantidad de visitantes, invitaciones a bailes y cenas. María Feodorovna adoraba las fiestas y alentaba a su esposo a fijar largos periodos de tiempo en el palacio todos los años. Al contrario que su mujer, Alejandro III prefería con diferencia Gátchina, por su relativo aislamiento y ausencia de vida social. A medida que envejecían, Alejandro y su mujer pasaban menos tiempo en el Palacio Alejandro y más en Gátchina.

 

 

Arriba: El diván en el Despacho de Trabajo de Nicolás. La pequeña silla y la mesa de la izquierda las usaba el joven Zarevich cuando iba a ver a su padre.

Aparte del padre de Nicolás, su abuelo y bisabuelo también habían residido en el Palacio Alejandro, y por todos lados podían encontrarse numerosos recuerdos de su vida en el palacio.

A lo largo de los años, con cada nueva generación de Romanovs que dejaban el palacio a la siguiente como parte del patrimonio familiar, las habitaciones quedaban fuera de servicio. Las habitaciones privadas de cada Zar se dejaban intactas en su memoria, conservando inalterada toda la decoración y objetos personales. Esto significaba que partes del palacio eran cerradas y selladas, constituyendo para los miembros más jóvenes de la familia lugares emocionantes y misteriosos. Cuando el palacio se convirtió en hogar de Nicolás y Alejandra estos pasaron un tiempo recorriendo las salas cerradas y los almacenes, en busca de objetos que pudieran usar para redecorar sus habitaciones. Debió ser una experiencia extraña para Nicolás, ya que cada parte del mobiliario u obra de arte estaba virtualmente unida a la historia de algún miembro de su familia.

Nicolás era un hombre de gustos conservadores en cuanto lo rodeaba. Prefería lo antiguo y familiar, y eligió habitaciones pequeñas y modestas, pues se sentía incómodo en ambientes ostentosos o modernos. Tal era el entorno en el que había sido educado. Su padre había criado a sus hijos en habitaciones embarazosamente pequeñas, con bajos techos, en el Palacio de Gatchina, y en cuartos no mucho mayores del Palacio Anichkov, en San Petersburgo. Alejandro III se aseguró de que se enseñara a sus hijos a dar ejemplo personal y valerse con poco en lo referente a ropa y habitaciones. Mientras que esto pudo satisfacer a Alejandro III, no se ajustaba para nada a las espectativas del pueblo y la aristocracia, que esperaban que sus Grandes Zares vivieran, por así decirlo, como EMPERADORES. Como resultado, las personas que visitaban a los Romanov se escandalizaban al ver a los gobernantes de la sexta parte del planeta viviendo más como la familia del director de una fábrica, abarrotados en diminutas habitaciones llenas de muebles viejos.

Cuando llegó el momento de reformar el Palacio Alejandro para su nueva familia Nicolás escogió para sí pequeñas habitaciones, y se dispuso a recrear la atmósfera confortable en la que había crecido. Al tiempo que dejaba a su mujer y al diseñador Meltzer los planes para las "habitaciones familiares", fue muy específico en cuanto a lo que quería en su despacho y su baño. Para su despacho seleccionó muebles antiguos de otras habitaciones del palacio, pareciendo elegir para sí aquellas piezas más pesadas e incómodas.

Cuando acabó de escoger las cosas que quería, asi como las alfombras y tapicerías, Nicolás se había creado un oscuro y masculino despacho con el estilo de la década de 1880, obsoleto para la época. El despacho del Zar tenía paneles encerados oscuros de nogal, y una chimenea del mismo material adornada con lustroso y oscuro mármol. En origen las paredes estaban empapeladas pero, quizás porque el papel era demasiado claro, Nicolás mandó que se quitase y las paredes se pintaron de rojo granate. El suelo se cubría de lado a lado con una alfombra de estilo oriental, hecha en Inglaterra y cosida en tiras.

Como hiciera su padre antes que él en su estudio, Nicolás instaló en su despacho un enorme diván cubierto con alfombras orientales. Cuando trabajaba o volvía tarde al palacio, a veces dormía allí. El diván no se usaba mucho para sentarse. Si uno era una visita del Zar él le habría indicado que se sentase en una silla enfrente de su escritorio o en una mesa cercana.

A pesar del engañoso aspecto sencillo y "de segunda mano"de la habitación, los materiales usados eran de la mayor riqueza. Nada era demasiado bueno para el Zar. Como no discutía los precios antes de que se presentaran las facturas para su aprovación, Nicolás dejaba que el decorador y el Mariscal de la Corte dispusiesen lo que les pareciese adecuado. Se podían cometer errores, y era un arte presentir el tipo "adecuado" de telas, mobiliario y alfombras. Aunque Nicolás pensaba que seleccionando objetos ya en el almacén del palacio ahorraba problemas y gastos innecesarios, una vez que el objeto era escogido, pasaba por una restauración completa, de modo que a menudo la restauración resultaba más cara de lo que habría sido comprar algo nuevo. Todo lo que se hacía para el Zar debía hacerse del modo más correcto y refinado, de modo que la simple tarea de tapizar una silla podía involucrar a una docena de personas y tardar varios meses en terminarse. Esta innecesaria burocracia molestaba a Nicolás y Alejandra. El más mínimo detalle del palacio tardaba una eternidad en terminarse. Informar de un muelle suelto en una silla conducía a interminables revisiones y papeleo. Por consiguiente, los Romanovs a menudo dejaban estas tareas por hacer hasta que salían del palacio para sus viajes anuales a Peterhof y Crimea. Tras su partida, equipos estrictamente supervisados examinaban todas las habitaciones con un peine de diente fino, comprobando los sofás, viendo si estaba estropeada la moqueta, los muebles, o si se descascarillaba la pintura. Nicolás siempre se impresionaba con lo que se llevaba a cabo cuando estaban fuera; el palacio siempre aparecía como nuevo ante sus ojos cuando volvían después de estar tres o cuatro meses en algún otro sitio.

Arriba: El escritorio de Nicolás en el Despacho de Trabajo.
El escritorio del Zar en su despacho tenía forma de "L", y estaba cubierto con retratos familiares, cartetas y todas las cosas que necesitaba un Zar para manejar los asuntos del Imperio. Nicolás tenía su agenda de entrevistas, calendarios, plumas y pipas de fumar dispuestos con extremo cuidado. Muchos de los marcos y otros objetos eran obras de arte de los abastecedores de la Corte Imperial, como Fabergé.

Como Nicolás era muy particular con la disposición de su escritorio y seguramente habría notado el más ligero cambio en su habitual orden, su valet tenía un mapa especial para asegurar que todo estuviese en el lugar adecuado cada día. Nicolás intentó racionalizar su casi neurótica obsesión por el orden de sus cosas diciendo que sencillamente quería ser capaz de encontrarlo todo cuando lo necesitase, incluso a oscuras.

Izquierda: La pantalla de la lámpara del escritorio.

Sobre el escritorio de Nicolás había una lámpara ajustable y giratoria de bronce dorado, proveniente de Francia. La silla del escritorio estaba tapizada en piel verde. Nicolás tenía sillas casi idénticas, de forma cuadrada y tapizadas en piel verde, en todos los despachos de cada uno de sus palacios.

En la pared de atrás había una serie de miniaturas ovaladas de la Dinastía Romanov. Nicolás tenía también una extensa colección de miniaturas en un panel acolchado detrás de su escritorio, incluyendo retratos de sus primos de la Familia Real Británica. En el estante de la pared del fondo había jarrones de porcelana danesa comprados durante las visitas a sus familiares de este país. Había muchos cuadros en el despacho de Nicolás, dos de los más importantes eran de los pintores victorianos británicos Alma-Tadema y Poynter. También había cuadros militares y exóticas pinturas de lejanos lugares. Los cuadros del Despacho de Trabajo fueron seleccionados por el propio Zar y reflejaban sus sentimientos sobre el arte y la vida. Le gustaba el realismo, los colores claros y los temas que le resultasen familiares. Siendo un oficial era natural que muchas de las pinturas en el Despacho de Trabajo representaran caballos. A Nicolás le disgustaba la mayoría del arte moderno de su época, considerándolo indisciplinado y primitivo.

Nicolás era un gran coleccionista de pequeñas antigüedades y tenía una colección bastante importante de antiguos buddhas en su despacho de trabajo, y que fueron trasladados al Hermitage después de la revolución. Muchas de las compras de antigŸedades de Nicolás se hicieron en el extranjero, especialmente en viajes a Darmstadt. Favorecía a Goldschmidt en Frankfurt y visitaba la tienda siempre que tenía oportunidad.

Nicolás tenía una reserva de objetos de Fabergé aquí en su oficina para regalar a sus visitas. A menudo el Zar era bastante extravagante con estos regalos y disfrutaba de la sensación de sorprender a sus invitados con tabaqueras de oro y piedras preciosas o marcos esmaltados e incrustados de diamantes con su fotografía. Nicolás nunca recibía a una mujer separado de su familia en el despacho, así que estos regalos eran casi siempre objetos que se ajustasen al gusto o las necesidades de un hombre. Cuando la reserva de Fabergé comenzaba a escasear se ordenaba traer más del Palacio de Invierno, donde había un gran almacén para estos objetos.

Las paredes y la chimenea de esquina tenían una serie de espacios ocultos que alentaron a los avaros oficiales soviéticos a la búsqueda de tesoros en el Despacho de Trabajo después de la revolución. Durante la guerra los oficiales nazis también arrancaron brutalmente la mayoría de los paneles de los muros del despacho en busca de objetos valiosos.

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